Emocional-Mente

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martes, 22 de diciembre de 2015

Entre la ficción y los buenos deseos



Por Issis Juárez.

En meses recientes, Enrique Peña Nieto ha criticado constantemente al populismo debido al peligro que representa para las democracias modernas, según el presidente, el populismo representa una amenaza dados los casos latinoamericanos que tardaron años para lograr una democracia y hoy parecieran ser menos que oligarquía.

Cuando se comenzaron los discursos de prevención del populismo, claramente ubicábamos a 3 actores: MORENA, AMLO y los candidatos independientes. ¿Por qué? El populismo, para el sociólogo Edward Shils, “es una ideología de resentimiento contra un orden social impuesto por alguna clase dirigente de antigua data, de la que supone que posee el monopolio del poder, la propiedad, el abolengo o la cultura” (Adamovsky, 2015). Básicamente usar como bandera los principales intereses del pueblo, del populacho, y buscar colocarlos en agenda pública para mover a las sociedades en contra de quienes sustentan el monopolio del poder. Cualquier parecido con el discurso andresmanuelista…es mera ficción.  

Sin embargo, pareciera que el discurso antipopulista del PRI, de vez en cuando se le olvida a nuestra clase política, sobre todo cuando se trata de momentos pre-elecciones. Y es el caso de las recientes propuestas en la reforma política electoral de los 3 partidos más importantes de nuestra nación, PRI, PAN Y PRD.
Empecemos con la propuesta priista.

Desde antes del inicio de las campañas de 2015, el Partido de la Revolución Institucional había propuesto la reducción de los diputados plurinominales, bajo el lema “Más por Menos Pluris”. De acuerdo con los resultados de la ENCUP 2014, los diputados son de los personajes políticos peor calificados por los ciudadanos, y en los que menos confían, por lo que una propuesta que los elimine, castigue o les quite prestaciones y salarios, por supuesto que incentiva a que la sociedad apoye y apruebe ese tipo de iniciativas; y evidentemente, es un tipo de propuesta que, como mencionamos anteriormente, usa los interés del pueblo como bandera, ¿o acaso hay algún mexicano que se oponga a no tener 100 diputados que ganan 105 mil pesos mensuales, y 32 senadores qué ganan 236mil 67 pesos mensuales, cuando el salario mínimo es de 70.10 pesos diarios?

Pareciera que al presidente y a su partido se les olvida de vez en cuando que fue precisamente el antecedente del PRI (Partido Nacional Revolucionario y el Partido de la Revolución mexicana), quien inicio una serie de estrategias populistas que canalizaban los sentires ciudadanos después de la Revolución Mexicana. ¿O acaso hemos olvidado el populismo implementado por Luis Echeverría Álvarez en su presidencia, y defendido por un sinnúmero de intelectuales mexicanos, entre ellos Carlos Fuentes? Lo grave de dicha propuesta, no sólo es el tinte populista que se implementa en ella, sino la nula visión de la grave falta de representatividad que se llevará a cabo con tal modificación, ya que antes de votar algo similar se debe analizar y reestructurar a los distritos electorales, dado que la existencia de los 500 diputados tienen una razón de representatividad ciudadana…aunque ya mucho podemos cuestionar sobre dicha “representatividad”, por que el ciudadano no ve al diputado como una representatividad numérica, lo ve como una representatividad de intereses, cosa que nos lleva nuevamente a pensar en el populismo.

En el caso de Acción Nacional, la justicia social busca hacerse presente mediante una reforma que permita la segunda vuelta electoral en el caso de la elección de Presidente de la República, y este no es un tema nuevo en nuestro país. A partir de la cardiaca elección presidencial de 2006 y los resultados de inconformidad ante ellos, el cuestionamiento sobre una segunda vuelta electoral similar a algunos países latinoamericanos como Colombia, Chile, Argentina, Costa Rica, entre otros, ha sido una constante entre los legisladores.

El argumento máximo para dicha propuesta es el de la legitimidad, es decir, si no hay más de 50% de votos por un candidato entonces no es legítimo. Sin embargo, tal argumento radica en el número de votos, por lo que aún con la existencia de una segunda vuelta y con un nivel de participación por debajo o similar al que presentó la primera ronda queda  en el aire el argumento numérico. El problema de la legitimidad del triunfo es nuevamente un asunto institucional más que ciudadano, y si a una baja legitimidad de inicio se le suma una carente legitimidad de ejercicio  el problema se convierte en una bola de nieve, tal fue el caso del expresidente Felipe Calderón, que curiosamente es uno de los panistas inclinados a la segunda vuelta electoral, que de acuerdo con algunos analistas, si en su elección se hubiera implementado la segunda vuelta muy seguramente la historia electoral de aquel 2006 hubiera sido otra.

La cuestión económica debe ser fuertemente analizada, ya que realizar comicios requiere de al menos 50,000 mdp, y llevar a cabo una segunda vuelta no será posible ni fiado ni gratis, y en estos tiempos de austeridad, para el ciudadano no para el político, es casi irresponsable. El populismo que radica en esta propuesta, en primer lugar lo vemos reflejado en la necesidad ciudadana de mecanismos mucho más confiables para obtener resultados más legítimos…pero sobre todo en las propuestas que deberá hacer los candidatos presidenciales, porque un porcentaje de más de 50% de la votación para legitimar numéricamente a un presidente no se ha visto desde la creación del Instituto Federal Electoral, el más alto fue Ernesto Zedillo con 48.69%, y aún con las propuestas demagógicas y neopopulistas de AMLO el porcentaje de votos para este político no le alcanzó, en ninguna ocasión, para cambiar la historia de nuestro país. Lo que seguramente resultaría interesante estudiar para una segunda vuelta es cómo actuarán los votantes, porque sin duda aquel que llegue a ganar en la segunda vuelta será el o la que pueda atraer al voto switcher y voto blando de cada partido, en especial el del opositor.

Finalmente la propuesta de Agustín Basave, hoy dirigente nacional del PRD, sobre legislar el voto nulo, que sin lugar a dudas atiende a una necesidad popular que converge en el financiamiento público de los partidos políticos ha causado polémica entre legisladores, columnistas y ciudadanos. Ésta se basa en el malestar social sobre el desempeño de los partidos políticos y los políticos en general.
No es novedad conocer las diversas campañas que incentivan a anular tu voto en las urnas con frases como “tache a todos”, sin embargo, el efecto del voto nulo en cuanto a la necesidad de los políticos a fijarse más en sus acciones era obsoleto, dado que la legislación de tales efectos era nula, y el argumento de “si somos más nos harán caso” quedaba fulminado frente a una sociedad que no sólo no se interesa en participar sino que también no se interesa en  castigar, y todo debido a la percepción que se tiene de las elecciones.

La carga populista de dicha iniciativa radica en que se deberán restar los votos blancos de la lista nominal para así afectar el financiamiento público, es decir, a mayor nulidad menor presupuesto a los partidos, y nuevamente cuestionamos ¿habrá un mexicano de a pie que esté interesado en que si los partidos políticos no cumplen con su función de hacer que la sociedad participe, y a su vez, los representantes políticos son incapaces de ver por las necesidades reales de la sociedad, tengan el absoluto derecho de recibir millones de pesos bajo el título de financiamiento público, dinero que sale de los impuestos que todos los mexicanos pagamos? Claramente el interés popular es recogido en la iniciativa del diputado con licencia Agustín Basave, no obstante, el verdadero problema se encontrara en que los propios partidos estén dispuestos a darse un balazo en el pie a sabiendas de su pésima calificación frente a la sociedad y ante la posibilidad de disminuir su financiamiento, corriendo el riesgo de que el porcentaje de votos nulos se incremente de forma interesante en las próximas elecciones nacionales, que además se trata de elecciones concurrentes.


Tal pareciera que en nuestro país no hay reforma político-electoral suficiente, ya que en cada reforma y con cada elección salen nuevos retos por resolver, y claro que la ley es perfectible, lo lamentable es que muchas veces se quiere modificar aquello que parece da la razón a un evento que generó ilegitimidad o inequidad, por ejemplo, las campañas negras contra AMLO, el cuestionamiento al financiamiento privado, la sospecha de un nuevo fraude electoral y el uso de tiempo en radio y televisión. Lo anterior, se argumentó, surtía efectos a la hora de votar, por lo que en las legislaturas correspondientes se pensaba en cómo ir remediando los actos que ponían en tela de juicio el proceso electoral, y hoy no son suficientes las enmiendas a la LGIPE, ahora también en nombre de “la percepción social”, y aquí radica el verdadero problema que debiera enfatizar el enemigo público del populismo, se deben hacer modificaciones sin el debido método comparativo o de estudio de caso para conocer las implicaciones de iniciativas populistas que buscan la credibilidad de una clase política ante una sociedad desilusionada de sus políticos. 

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